Retiraron los andamios
que sostienen la argamasa
de barros y ungüentos
que cubren la piel,
las heridas.
Revisaron también
el cableado que le conecta
con la última neurona.
Estudiaron su falta de impulso,
su cansancio.
Vinieron de lejos,
analizaron su apatía,
cuestionaron, a voz viva,
su silencio.
Concluyeron,
dictaminaron,
diagnosticaron,
una enfermedad irremediable.
Entonces,
dio tres latidos...
y su tamaño, creció.
martes, 31 de mayo de 2016
domingo, 22 de mayo de 2016
De madrugadas y carreteras.
Transitando carreteras vacías,
devorando kilómetros,
desayuno asfalto y Rocío,
a partes iguales.
Curvas y acertijos,
me abordan,
la bruma que no se disipa,
el problema final.
Yo, que soy,
morado, rojo, verde,
hoy más que nunca,
estoy ante la duda.
¿Qué cable cortar?
la avería,
la loca incertidumbre de vivir,
concurren a mí,
las certezas.
El respirar,
el latir acompasado,
el cielo que se ensancha,
la esperanza del día.
Vos en algún rincón del planeta.
devorando kilómetros,
desayuno asfalto y Rocío,
a partes iguales.
Curvas y acertijos,
me abordan,
la bruma que no se disipa,
el problema final.
Yo, que soy,
morado, rojo, verde,
hoy más que nunca,
estoy ante la duda.
¿Qué cable cortar?
la avería,
la loca incertidumbre de vivir,
concurren a mí,
las certezas.
El respirar,
el latir acompasado,
el cielo que se ensancha,
la esperanza del día.
Vos en algún rincón del planeta.
lunes, 9 de mayo de 2016
La noticia.
Cuando la noticia,
la noche fue un calvario.
En la mañana, dejé de respirar.
Por la tarde,
se me paró el corazón.
El amanecer siguiente,
lluvioso y frío,
me dejó sin lágrimas.
El crepúsculo arraso,
el último aliento.
Y, al tercer día,
cuando rendido,
el viento del norte
comenzó a mover las banderas.
la noche fue un calvario.
En la mañana, dejé de respirar.
Por la tarde,
se me paró el corazón.
El amanecer siguiente,
lluvioso y frío,
me dejó sin lágrimas.
El crepúsculo arraso,
el último aliento.
Y, al tercer día,
cuando rendido,
el viento del norte
comenzó a mover las banderas.
domingo, 1 de mayo de 2016
A veces tu.
Tranquila,
la mañana del desamparo,
asoma.
Del insomio que reincide,
que despierta,
como la letanía de tus ojos,
acuchillandomé la espalda,
de tus manos desmontandomé,
hueso a hueso,
cachete y caricia,
sol y sombra.
Propietaria del derrumbe
de todas mis defensas,
de la claudicación de todos
los postulados.
A veces, sonrisa cuál quimera,
a veces, horizonte libertario.
Solo a veces,
mi territorio,
tu imperio.
la mañana del desamparo,
asoma.
Del insomio que reincide,
que despierta,
como la letanía de tus ojos,
acuchillandomé la espalda,
de tus manos desmontandomé,
hueso a hueso,
cachete y caricia,
sol y sombra.
Propietaria del derrumbe
de todas mis defensas,
de la claudicación de todos
los postulados.
A veces, sonrisa cuál quimera,
a veces, horizonte libertario.
Solo a veces,
mi territorio,
tu imperio.
sábado, 30 de abril de 2016
Búsqueda.
¿Qué quieres? Preguntó.
Tus ojos,
contestaron los míos.
¿Qué buscas? Insistió.
La textura de esos labios,
fundiéndose.
¿Cuán intenso?
Como el loco torbellino
de tu pelo en cascada,
en catarata de vida,
toda vos enredándome.
¿Porqué hoy?.
Tal vez mañana
nos cubra la bruma.
Y en ese instante,
el destello,
iluminó la comarca.
Junto al mar suave,
bajo la luna atenta.
Tus ojos,
contestaron los míos.
¿Qué buscas? Insistió.
La textura de esos labios,
fundiéndose.
¿Cuán intenso?
Como el loco torbellino
de tu pelo en cascada,
en catarata de vida,
toda vos enredándome.
¿Porqué hoy?.
Tal vez mañana
nos cubra la bruma.
Y en ese instante,
el destello,
iluminó la comarca.
Junto al mar suave,
bajo la luna atenta.
domingo, 24 de abril de 2016
Oda al "califorato"
Mi primer coche fue un "califorato", era una ambulancia Ford Fairlane, que compré a un funebrero de Laguna Paiva en una suerte de trueque y que fui pagando con los ataúdes que fabricábamos con mi hermano y el negro Miguez. El "califorato" pasó, entonces, de transportar tristeza, a sembrar vida. Reconvertido en utilitario, la otrora ambulancia, se entregó por entero a surcar las noches santafesinas, montando peñas, encuentros culturales, mercadillos, pegada de carteles, campaña.
Recordaba conmigo en una de nuestras largas tertulias, la noche aquella en la que sacó del Centro Balear a los ochos integrantes de una murga, ¡con los tambores y todo, llevándoles hasta Santo Tomé! repetía el noble vehículo, mientras apuraba su "fernet con coca". O el día aquel que, junto al Negro y al Flaco, en medio de una tormenta que arreciaba, cubrió los ochenta kilometros hasta Helvecia, con el limpiaparabrisas roto. Me contó su estupor cuando bajamos a la radio del pueblo, a anunciar que habíamos llegado, era la fiesta de la primavera. O aquella tarde noche, en la que nos lanzamos a la carretera con combustible solo para la ida... otros ochenta kilometros, pero no podia fallarle al amigo. Actuación, canto y poesía, y nos prestaron el dinero para la vuelta.
Interpelado por su nombre, le confié, que habia sido ocurrencia del flaco Neme, y que con el tiempo fue un término muy popular en la jerga universitaria, ¿me prestás, Peti, el califorato (ambulancia)? ¿hacemos, Peti, unos "califoratos" (nos tomamos unos vinos o birras)? ¿salimos a "califoratear"... muchas definiciones diferentes: lo que se dice un término universal.
No paramos de reir, de conocer, de soñar. El "califorato", che, una nave maravillosa, interestelar. Le fundí el motor en un despiste, no funcionaba el limpiaparabrisas, ni el marcador de nafta, no tenía los papeles, pero me encantaba su pulso, su versatilidad, su conducción... Lo vendí por doscientos mangos, que no terminé de cobrar. Así era el Peti.
Hoy les presento a la "califorata", una Nissan Vanette, en su primer bautismo de guerra, en el que sembró rosales en los maceteros que cuidamos con S´Ateneu de Santa Margalida. De aquel Ford Failene, a esta mina le separan unos treinta años y miles de kilometros... pero me aseguró, que su espíritu está intacto.
Recordaba conmigo en una de nuestras largas tertulias, la noche aquella en la que sacó del Centro Balear a los ochos integrantes de una murga, ¡con los tambores y todo, llevándoles hasta Santo Tomé! repetía el noble vehículo, mientras apuraba su "fernet con coca". O el día aquel que, junto al Negro y al Flaco, en medio de una tormenta que arreciaba, cubrió los ochenta kilometros hasta Helvecia, con el limpiaparabrisas roto. Me contó su estupor cuando bajamos a la radio del pueblo, a anunciar que habíamos llegado, era la fiesta de la primavera. O aquella tarde noche, en la que nos lanzamos a la carretera con combustible solo para la ida... otros ochenta kilometros, pero no podia fallarle al amigo. Actuación, canto y poesía, y nos prestaron el dinero para la vuelta.
Interpelado por su nombre, le confié, que habia sido ocurrencia del flaco Neme, y que con el tiempo fue un término muy popular en la jerga universitaria, ¿me prestás, Peti, el califorato (ambulancia)? ¿hacemos, Peti, unos "califoratos" (nos tomamos unos vinos o birras)? ¿salimos a "califoratear"... muchas definiciones diferentes: lo que se dice un término universal.
No paramos de reir, de conocer, de soñar. El "califorato", che, una nave maravillosa, interestelar. Le fundí el motor en un despiste, no funcionaba el limpiaparabrisas, ni el marcador de nafta, no tenía los papeles, pero me encantaba su pulso, su versatilidad, su conducción... Lo vendí por doscientos mangos, que no terminé de cobrar. Así era el Peti.
Hoy les presento a la "califorata", una Nissan Vanette, en su primer bautismo de guerra, en el que sembró rosales en los maceteros que cuidamos con S´Ateneu de Santa Margalida. De aquel Ford Failene, a esta mina le separan unos treinta años y miles de kilometros... pero me aseguró, que su espíritu está intacto.
domingo, 10 de abril de 2016
El ejercicio del recuerdo.
"Empujo la pesada puerta, pidiendo permiso, chirriaba apenas y el sonido leve cortó el bullicio de nuestra clase de pequeñines. Buen día, señorita Selva, dijo la pequeña, mi mamá me pidió si le podía mandar tizas (o làpices, o cartulinas... ¡Qué sé yo!) Solo recuerdo que en ese instante, por la claraboya existente en la pared, un rayo de luz atravesó el aire, detuvo las partículas en suspensión e iluminó la cara de la pequeña, sus cachetes rosados, su cabello con dos coletas iguales y esa sonrisa que amanecía. Yo, petrificado, miré a Luisito Seguro que dibujaba absorto, ensimismado en su hoja de papel, y descubrí que ese momento me acompañaría toda la vida. Está claro, que en el jardín de mi infancia, en esa primaria, maravillosa están los cimientos de mi sensibilidad actual.
Un año mas tarde, quedaba atrás la señorita Selva, a quien amábamos, y la aventura de la escuela se nos presentaba intrépida y avasallante. Yo pasé el primer día una suerte de test en el que tenías que pintar sobre una línea... recortar en zic-zac... en fin, un puñado de esas habilidades manuales que en mí eran profundamente esquivas, y como os podéis imaginar, entre los cursos A, B y C ( donde nos seleccionaban por aptitudes) me tocaba el C, sin contemplaciones. Y salimos, entonces, al salón techado, el gran patio cubierto del Colegio Normal, y me fundí en un abrazo con Luisito, Pablito, Marcelo y entre el grupo estaba la niña que portaba el sol, riendo y charlando con mas niñas y ahí me quedé... en el A. Cuando la señorita Escudero me preguntó ¿Y vos estás acá? Le habré contestado con un ¡claro!, o un ¡sí!, tan contundente que entré al A de manera un tanto... trucha. Tal vez en este hecho estén los cimientos de ese puntito de desfachatez tan necesario para vivir.
Y así transcurrió la primaria, hermoso crisol de lealtades y amigos, de complicidades y descubrimientos, la imagen de aquella niña se mantuvo en el tiempo y las bromas y los corrillos eran dominio de todo el colegio. Recuerdo un día cuando le confié a mi gran amigo Pablito Cocuzza que había escrito debajo de la mesa del comedor el nombre de la piba que me gustaba en morse y al revés (eran épocas del agente 007 y quien más, quien menos, portaba, en sus alforjas una historia de espía). Pablito se tiro debajo de la mesa y leyó en voz alta... An.. ¡Si ya lo sabe todo el mundo, boludo!!! dijo riendo. pero así era el Peti, tímido y soñador.
Cada minuto de aquella infancia, intensa y feliz, se agolpan en mi memoria, hoy que Sergi, con trece años a cuestas, descarga sus confidencias, y desengaños. Y me pregunta, y escarba... Un lindo ejercicio... ¿y el tuyo?
Un año mas tarde, quedaba atrás la señorita Selva, a quien amábamos, y la aventura de la escuela se nos presentaba intrépida y avasallante. Yo pasé el primer día una suerte de test en el que tenías que pintar sobre una línea... recortar en zic-zac... en fin, un puñado de esas habilidades manuales que en mí eran profundamente esquivas, y como os podéis imaginar, entre los cursos A, B y C ( donde nos seleccionaban por aptitudes) me tocaba el C, sin contemplaciones. Y salimos, entonces, al salón techado, el gran patio cubierto del Colegio Normal, y me fundí en un abrazo con Luisito, Pablito, Marcelo y entre el grupo estaba la niña que portaba el sol, riendo y charlando con mas niñas y ahí me quedé... en el A. Cuando la señorita Escudero me preguntó ¿Y vos estás acá? Le habré contestado con un ¡claro!, o un ¡sí!, tan contundente que entré al A de manera un tanto... trucha. Tal vez en este hecho estén los cimientos de ese puntito de desfachatez tan necesario para vivir.
Y así transcurrió la primaria, hermoso crisol de lealtades y amigos, de complicidades y descubrimientos, la imagen de aquella niña se mantuvo en el tiempo y las bromas y los corrillos eran dominio de todo el colegio. Recuerdo un día cuando le confié a mi gran amigo Pablito Cocuzza que había escrito debajo de la mesa del comedor el nombre de la piba que me gustaba en morse y al revés (eran épocas del agente 007 y quien más, quien menos, portaba, en sus alforjas una historia de espía). Pablito se tiro debajo de la mesa y leyó en voz alta... An.. ¡Si ya lo sabe todo el mundo, boludo!!! dijo riendo. pero así era el Peti, tímido y soñador.
Cada minuto de aquella infancia, intensa y feliz, se agolpan en mi memoria, hoy que Sergi, con trece años a cuestas, descarga sus confidencias, y desengaños. Y me pregunta, y escarba... Un lindo ejercicio... ¿y el tuyo?
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